Por Pablo Pérez Mella / David Ayala
En los últimos dos días, gran parte del debate público se ha centrado en la figura del senador Moisés Ayala. Esta situación llama poderosamente la atención, especialmente por la forma en que ciertos sectores han manejado el tema, lo que hace pensar que detrás de este escándalo podrían existir intereses políticos mal intencionados.
Me atrevo a expresar mi posición, aun sabiendo que será cuestionada tanto por amigos como por adversarios políticos, por las siguientes razones:
Primero, las exoneraciones a legisladores no son una práctica nueva ni exclusiva del presente gobierno. Es un beneficio establecido desde hace años y del cual han gozado todos los congresistas, sin excepción. Sin embargo, en este caso se percibe un interés particular en atacar a Moisés Ayala.
Segundo, en todos los gobiernos democráticos de nuestro país se ha otorgado este tipo de facilidades a los legisladores. No es algo extraordinario ni fuera de lo común, aunque hoy se pretenda presentar como un hecho escandaloso.
Tercero, vivimos en una época donde la información fluye con mayor transparencia. Hoy el pueblo tiene acceso a lo que antes se ocultaba o se manejaba con discreción por parte de ciertos sectores mediáticos.
Cuarto, es de conocimiento público que Moisés Ayala posee condiciones económicas que le permiten adquirir cualquier bien sin necesidad de recurrir a exoneraciones, lo que hace aún más cuestionable la intención de este ataque.
Finalmente, sería justo que también se informe al país cuántas exoneraciones recibieron senadores de partidos como el PLD y la Fuerza del Pueblo durante los últimos 20 años, para tener una visión más equilibrada del tema.
Sé que algunos podrían interpretar estas palabras como una defensa interesada, pero nada más lejos de la realidad. En ocasiones he sido crítico de Moisés Ayala, pero eso no me impide reconocer cuando se intenta desacreditar de manera injusta a una persona.
Y algo más: cuando se trata de figuras de Barahona, parece existir una tendencia a amplificar las críticas, no solo contra la persona, sino también afectando la imagen de toda una provincia.



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