Por David Santana

Seamos directos: intentar volver con las mismas caras, los mismos métodos y las mismas promesas de siempre es subestimar a un pueblo que ya aprendió a mirar más allá del espectáculo político.

La historia reciente del país dejó cuestionamientos profundos sobre la forma de gobernar, el manejo de los recursos públicos y las oportunidades que se le negaron a toda una generación. Eso no es percepción, es parte del debate nacional que aún sigue abierto.

Hoy, pretender presentarse como la solución sin asumir ese pasado, sin explicar y sin renovar verdaderamente, no es liderazgo: es insistencia en un modelo que muchos dominicanos ya no quieren repetir.

La República Dominicana cambió. La gente está más informada, más crítica y menos dispuesta a aceptar discursos reciclados. Ya no se trata de quién tiene más estructura, sino de quién tiene más credibilidad.

Esto no es un tema personal.

Es un tema de país.

Y el país no está para retrocesos disfrazados de experiencia. Está para avanzar con responsabilidad, con transparencia y con una visión clara de futuro.