La politización le pasó factura a la marcha contra Belfond en Barahona

Leony Edisson López Novas.

La defensa del medio ambiente es una causa demasiado seria para convertirla en plataforma política. Lo ocurrido este domingo durante la marcha contra las operaciones de Belfond en Barahona debe servir de reflexión para todos los sectores comprometidos con la protección de nuestros recursos naturales.

La convocatoria, que en un principio despertó interés entre ciudadanos, comunitarios y ambientalistas, terminó viendo reducida su capacidad de convocatoria debido a la excesiva presencia de dirigentes políticos y grupos partidarios que intentaron adueñarse de una lucha que pertenece al pueblo de Barahona.

Cuando una causa ciudadana es secuestrada por intereses políticos, el resultado suele ser el mismo: la gente se aleja. Muchos ciudadanos que respaldan la defensa de los ríos, montañas y ecosistemas de la provincia decidieron no participar al percibir que la actividad estaba siendo utilizada para fines ajenos al verdadero reclamo ambiental.

Desde días antes de la marcha circulaban comentarios sobre supuestos pagos para promover la asistencia, una situación que también contribuyó a generar desconfianza entre sectores de la población. Independientemente de la veracidad de esas versiones, el simple hecho de que se convirtieran en tema de conversación afectó la credibilidad de la convocatoria.

Barahona necesita una lucha firme, unificada y libre de colores partidarios. La defensa de los recursos naturales no puede depender de quién gobierna ni de quién aspira a gobernar. Es una causa que debe unir a todos los barahoneros.

El fracaso en la convocatoria no significa que la preocupación por el impacto ambiental haya desaparecido. Por el contrario, demuestra que la ciudadanía quiere ser escuchada sin manipulaciones políticas y sin protagonismos personales.

Si realmente se quiere construir un movimiento fuerte en defensa de Barahona, la prioridad debe ser el interés colectivo y no las agendas partidarias. De lo contrario, cualquier esfuerzo corre el riesgo de perder el respaldo popular que necesita para alcanzar sus objetivos.